OPINIÓN

​Maquiavelo en Barcelona

«El orden constitucional español ha perdido el consenso, así que ya solo le queda la fuerza»

per Jonathan Martínez, 10 d'octubre de 2019 a les 22:00 |

El 1 de febrero de 1976, Barcelona se llena de proclamas por la amnistía. Hace más de dos meses que ha muerto el Caudillo y las cárceles están repletas de disidentes políticos. Juan Carlos I ostenta la jefatura de Estado y Carlos Arias Navarro, insigne capitoste franquista, asume la presidencia del Gobierno de España. Desde la clandestinidad, la Assamblea de Catalunya ha llamado a cubrir las calles y miles de personas responden en una de las movilizaciones más emblemáticas de la Transición.


Las fuerzas de orden público, como una extensión sombría de la dictadura, irrumpen en las protestas sin otro propósito que silenciar las consignas y sembrar el caos. “Hay que cargar con todo”, se escucha en la emisora policial. La advertencia no es inofensiva. Apenas un mes después, los mismos cuerpos armados van a matar a tiros a cinco trabajadores en Gasteiz. “Hemos contribuido a una de las palizas más grandes de la historia”, dirán entonces por la emisora. 

Estamos en el passeig de Sant Joan. La Policía Armada carga contra la muchedumbre. En un momento de confusión, los grises acorralan a un puñado de personas. Algunos caen indefensos. Las porras se ensañan con ellos. En el suelo, rendido y protegiéndose la cabeza con las manos, vemos al viejo activista Ferran Garcia Faria. A pocos metros de la escena, refugiado tras un árbol, el fotógrafo Manel Armengol inmortaliza la agresión en una imagen que va a recorrer la prensa internacional.

Entre septiembre y diciembre de 2017, el Gobierno de España moviliza doce mil policías en una gran maniobra represiva bautizada como Operación Copérnico. Mariano Rajoy es presidente. Desaparecen 87 millones del erario público en la ímproba tarea de desbaratar el referéndum del 1 de octubre. Los cuarteles despiden a los héroes policiales entre cánticos de "A por ellos". Las urnas se llenan de votos. Llegan los antidisturbios. La Generalitat computa 1.066 personas atendidas en centros sanitarios.

La memoria de las marchas pro-amnistía de 1976 pervive gracias, entre otras cosas, al ojo de Manel Armengol. En 2017, en plena era de los smartphones y la viralidad, las cámaras telefónicas han formado un mosaico de imágenes de violencia que ya forman parte de nuestra memoria colectiva. La impronta es tan imborrable que merece un título como el que eligió el fotógrafo Jordi Borràs para su último libro. Días que durarán años.


Esta semana, a las puertas de la sentencia del procés, Interior ha ordenado el despliegue de 1.900 agentes en Catalunya. A primera vista, parece una anomalía que el Estado necesite semejante contingente armado para defender una resolución judicial. Pero la explicación es sencilla. Todo orden político se sostiene sobre una combinación de consenso y fuerza. Y el orden constitucional español ha perdido el consenso, así que ya solo le queda la fuerza.

"Es más seguro ser temido que ser amado", escribía Maquiavelo en El príncipe. Decidnos qué vais a hacer cuando la gente ni os ame ni os tema.

 

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Jonathan Martínez
Jonathan Martínez (Bilbao, 1982) és investigador en Comunicació Audiovisual. Col·labora en diversos mitjans com Naiz, Ctxt, Kamchatka, Catalunya Ràdio, ETB i TV3. A Twitter: @jonathanmartinz
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