Okupando Sant Cugat

«Se equivoca quien piensa todavía en que la ocupación puede tener un componente romántico o de redistribución de la riqueza o de la propiedad»

per Sergio Blázquez Aguirre , 5 d'agost de 2020 a les 16:31 |
Que 2020 no está siendo el mejor de los años para la mayoría de los ciudadanos creo que es algo, a estas alturas, sobradamente conocido. Un nuevo dato a añadir en el sumatorio de desdichas es que, en lo que llevamos de año, se han más que doblado las okupaciones de viviendas respecto al mismo período de 2019.

Estamos hablando aquí de okupaciones consumadas, no contabilizándose por lo tanto aquellas tentativas que han podido ser abortadas. Importante resaltar que una parte muy importante corresponde no a familias en situaciones de necesidad o de pobreza, sino a personas con antecedentes, delincuentes o simplemente jetas al abrigo de una ley que les es favorable.


Ante este fenómeno no cabe esperar que el tripartito de izquierdas que nos gobierna sea especialmente proactivo, pues una de las tres formaciones que nos gobierna se declara antisistema y especialmente permisiva con esta práctica, cuanto menos.

Se equivoca quien piensa todavía en que la ocupación puede tener un componente romántico o de redistribución de la riqueza o de la propiedad. Finalmente, quien posee muchos recursos, podrá disponer de los suficientes elementos disuasorios para impedir la ocupación efectiva: alarma, vigilancia privada, etcétera.


Por el contrario, aquella persona de clase media que con el sudor de su frente haya adquirido una primera vivienda o una segunda residencia puede ser víctima, por desgracia, de la usurpación de un bien que legítimamente le pertenece y del que puede y debe hacer uso. ¿A quién hace daño por lo tanto la okupación?

Yendo al meollo de la cuestión cabe modificar la ley para que en ningún caso se ampare esta práctica. Por un lado, es lícito y necesario que mediante una política fiscal que lo incentive salgan al mercado aquellas viviendas que se encuentran deshabitadas y especialmente en manos de grandes tenedores, máxime cuando hay una parte de la ciudadanía que sufre la crisis que nos azota y nos azotará todavía más y que no tiene siquiera un techo.


Una parte de la población dispuesta a pagar un precio asumible y razonable por un bien de primera necesidad. Por otro lado, hay que modificar la ley para que no puedan tener cabida ni amparo alguno aquellos sujetos que han hecho de la okupación y el todo gratis su modo de vida per se, causando un grave perjuicio a ciudadanos de a pie a que, a día de hoy, piensan con bastante razón que el mundo está al revés.

 

Sergio Blázquez Aguirre
05/08/2020

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