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OPINIÓ

La Biblia y la espada

per Jonathan Martínez, 27 d'octubre de 2022 a les 20:00 |

«Cuando los consensos desaparecen, irrumpe la fuerza bruta, dispuesta a corregir las extraviaciones populares»

Llegeix aquí la versió en castellà de l'article de Jonathan Martínez

El año pasado, en la noche del 9 de abril, un camión de la empresa de limpieza ISN
apareció en la N-121 cubierto por una pancarta que llamaba a la huelga en el sector. La negociación del convenio se encontraba en punto muerto y el sindicato LAB reclamaba mejorar las condiciones. Por lo visto, la patronal navarra y la propia empresa decidieron acudir a la comisaría. La Policía española tardó pocos días en escarmentar con detenciones a un puñado de trabajadoras y sindicalistas de Iruñea y Altsasu.


Más de un año después se ha sabido que nunca hubo delito ni indicio de delito. El conductor del camión desmintió ante un juez la versión de la empresa. Ni daños en el vehículo ni desorden en la seguridad vial. Ayer mismo, los portavoces de LAB explicaban que un juzgado de Agoitz había desestimado las acusaciones. En fin, que cinco manifestantes durmieron en un calabozo porque la Policía decidió ponerse al servicio de un caprichoso círculo de empresarios.

Los periódicos me recuerdan que hoy se cumplen cinco años de la declaración de la República Catalana en el Parlament. Ahora nos parece un episodio lejano e improbable, mucho más si echamos una mirada a la inercia autodestructiva del bloque independentista. No obstante, aquella declaración existió. Existió el 155. Existió un Gobierno de Rajoy ya remoto que se hizo cargo de la Generalitat. Existieron unas elecciones anticipadas. Y existió una desquiciada marabunta represiva.


El primer lunes tras la DUI, en un escenario de incertidumbre, comentábamos la noticia en la emisora Info 7. Recuerdo que expusimos algo elemental de lo que apenas se hablaba. Que no hay independencia sin armas. Humeantes o latentes, disparadas o con claveles en los cañones, pero las armas siempre andan por ahí rondando. Antes de que algún juez me reclame bajo sospecha de insurgencia, diré que se trata de una vieja teoría política. Un Estado, dice Max Weber, no es más que una entidad que ostenta el monopolio de la violencia.

El poder es el resultado de una cautelosa combinación entre consentimiento y coerción. La Biblia y la espada. Cada vez que los consensos desaparecen, cada vez que la fe en el sistema se tambalea, irrumpe la fuerza bruta dispuesta a corregir los extravíos populares. Si la calle reclama justicia social, asoman las porras y las bocachas para proteger las cajas de caudales de la clase dominante. Si la calle reclama libertad, irrumpen las tanquetas para recordar que incluso la democracia debe estrechar sus límites.


Es legítimo señalar la inacción de los sindicatos. Es saludable denunciar que muchos dirigentes políticos dedican buena parte de su energía a marear la perdiz con promesas que no pueden cumplir. Pero al fondo, tras el murmullo de las palabras, hay una relación de fuerzas. Hay un policía que se planta en la puerta de un sindicalista. Hay una pelota de goma que rebota en un callejón. Cuando la fuerza está de tu lado, es fácil vencer a quien no permitirá jamás que lo convenzan.

 

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Jonathan Martínez
Jonathan Martínez (Bilbao, 1982) és investigador en Comunicació Audiovisual. Col·labora en diversos mitjans com Naiz, Ctxt, Kamchatka, Catalunya Ràdio, ETB i TV3. A Twitter: @jonathanmartinz
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