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OPINIÓN

En los márgenes

per Jonathan Martínez, 13 d'octubre de 2022 a les 20:00 |

«Parece que demos por bueno dilapidar salarios en bienes de primera necesidad cada vez más inalcanzables»

Llegeix aquí la versió en català de l'article de Jonathan Martínez

En junio de 2018, un electricista llamado Jordi Rodríguez se arrojó desde el décimo piso de su vivienda de Cornellà cuando iban a desahuciarlo. Los Mossos d'Esquadra y la comitiva judicial estaban delante de la puerta, con el timbre en el dedo, sin saber que nadie iba a salir a recibirlos. En Twitter, la Plataforma Antidesahucios publicó la fotografía de una valla descoyuntada y salpicada de sangre con el lema "La banca gana".


No era, ni mucho menos, el primer desahucio que adquiría tintes funerarios. De hecho, resultaba difícil no recordar a Amaia Egaña, que en 2012 saltó por la ventana de su piso de Barakaldo mientras al fondo tintineaban las llaves del cerrajero. Apenas unos meses después del episodio de Cornellà, los periódicos dedicaron unos párrafos de conmiseración a Alicia del Moral porque se había tirado desde un quinto piso en el barrio de Chamberí.

La semana pasada llegó a los cines En los márgenes, un largometraje de Juan Diego Botto que trenza varias historias de desahuciados. Desahuciados de sus casas. Desahuciados de sus vidas. La película tiene la virtud de un despertador que nos devuelve a la realidad, a la crudeza de unas cifras que aún asustan por mucho que a veces parezcan un asunto del pasado, una rémora silenciosa de la crisis hipotecaria de 2007.


Penélope Cruz y Luis Tosar recuerdan que debajo del frío de los números hay nombres palpitantes que malviven en la precariedad y que contraen deudas disparatadas a cambio de algo tan elemental como un techo bajo el que cobijarse. Los márgenes no es solo el lugar donde habitan los desheredados, sino también el espacio de atención que parecen merecer. Sus problemas quedan catalogados como dramas periféricos o, peor aún, como el resultado lógico de no haberse acomodado a la cultura del esfuerzo.

Uno tiene la percepción de que la carestía de la vivienda no ocupa el lugar que le corresponde en la agenda mediática. Parece como si hubiéramos dado por bueno dilapidar salarios cada vez más menguados en bienes de primera necesidad cada vez más inalcanzables. Resulta tentador recordar una curiosa anomalía. Y es que las entidades bancarias que avalan a los grandes medios de comunicación son las mismas que ejecutan lanzamientos hipotecarios a discreción. Y claro.


Algunas televisiones, con astucias de vendedor de alarmas, han deslizado el debate habitacional hacia el muñeco de paja de la okupación. La vieja estrategia de atemorizar al pequeño propietario y educarlo en el mismo fermento que ha nutrido al fascismo. No por azar han cundido las empresas de desahucios, pequeños camisas negras que en más de una ocasión cuentan con la sospechosa connivencia de las administraciones.

La moraleja es diáfana. Los grandes propietarios siempre van a intentar reducir la pobreza a una cuestión de orden público. Siempre van a querer evitar que la empatía se transforme en acción política. Y siempre van a tratar de impedir, con uñas y dientes, con leyes y porras, que los márgenes les arrebaten el centro.

 

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Jonathan Martínez
Jonathan Martínez (Bilbao, 1982) és investigador en Comunicació Audiovisual. Col·labora en diversos mitjans com Naiz, Ctxt, Kamchatka, Catalunya Ràdio, ETB i TV3. A Twitter: @jonathanmartinz
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