opinió

La eterna posibilidad de la guerra

«Las sanciones europeas contra Putin tienen todo el aspecto de un harakiri de cara al frío del próximo invierno»

per Jonathan Martínez, 4 d'agost de 2022 a les 20:00 |
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Quien llegue por primera vez a la ciudad de Mitrovica se sorprenderá al descubrir que el río Ibar separa a sus habitantes en dos mitades. Al norte cuelgan banderines con los colores serbios y hay una estatua del zar Lazar, que cayó en la batalla de Kosovo contra los otomanos. Al sur hay banderas albanesas y estatuas de los guerrilleros de UÇK. Allá por 2001, dos años después de los bombardeos de la OTAN, el gobierno francés adjudicó a la constructora Freyssinet la rehabilitación del puente nuevo. Pierre Lottici dirigió un equipo formado por obreros serbios y albaneses. Sus nombres quedaron grabados en una placa como símbolo de unidad entre ambas comunidades. El símbolo, claro está, habla más de un deseo que de una realidad.


Estos días han saltado nuevamente las costuras. El pasado domingo sonaron disparos mientras se desgañitaban las sirenas antiaéreas en el norte de la ciudad. El presidente serbio, Aleksandar Vučić, denunció que el ejército kosovar andaba urdiendo un ataque. La OTAN advirtió que estaba preparada para poner orden. Todo empezó por la vieja guerra de las matrículas. Hace mucho tiempo que los vehículos circulan sin matrícula al norte del río. Hay serbios que solo adhieren las placas cuando se ven obligados a cruzar al sur. Allí los distintivos kosovares son ley.

Esta riña fugaz, una más entre otras riñas sin eco mediático, ha despertado los pavores de la guerra. No solo de la guerra de Kosovo o de las otras guerras yugoslavas, sino sobre todo de la guerra más o menos sorda que libra la OTAN contra Oriente. A nadie se le escapa que Pristina opera bajo el área de influencia de Washington y que Belgrado mantiene una relación amistosa con Moscú. Mientras Alemania regresa a la quema de carbón y ensaya medidas draconianas de ahorro energético, Serbia ha cerrado un acuerdo que garantiza el suministro de gas ruso. Las sanciones europeas contra Putin tienen todo el aspecto de un harakiri de cara al frío del próximo invierno.


En 1989, poco antes de la caída del muro de Berlín, Slobodan Milošević conmemoró en Kosovo Polje el sexto centenario de la derrota del zar Lazar frente a los otomanos. La narrativa oficial cifra el comienzo de las guerras yugoslavas en aquella visita. Una interpretación alternativa de la historia, sin embargo, sugiere que la prensa occidental ofreció una versión falsificada del evento para demonizar al presidente yugoslavo y justificar la intervención militar en territorio socialista. Es difícil comprender el destino de los Balcanes fuera del contexto de la guerra fría.

Esta semana, la visita de Nancy Pelosi a Taiwán ha desatado una controversia que apela una vez más a las tensiones entre imperios. Taipéi no es Kosovo Polje. No es Berlín separada por un muro, no es Mitrovica tajada por un río, ni tampoco es la línea del frente del Dombás, pero es uno de esos territorios en disputa cuyo nombre evoca la eterna posibilidad de la guerra. Como si no hubiéramos tenido ya bastantes.

 

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Jonathan Martínez
Jonathan Martínez (Bilbao, 1982) és investigador en Comunicació Audiovisual. Col·labora en diversos mitjans com Naiz, Ctxt, Kamchatka, Catalunya Ràdio, ETB i TV3. A Twitter: @jonathanmartinz
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