OPINIÓ

Cuando fuimos los peores

«En un mundo que siempre nos exige meter el codo, competir a cara de perro y vencer a toda costa, mi tío Chema me enseñó el orgullo y el honor de la derrota»

per Jonathan Martínez, 11 de novembre de 2021 a les 20:00 |
Llegeix aquí la versió en català de l'article de Jonathan Martínez 

Ayer despedimos a mi tío Chema.
Lo encontraron el lunes tendido en el suelo del taller de chapa donde trabajaba y ya era demasiado tarde para ofrecerle auxilio. Es cierto que falleció cuando aún no tenía edad de fallecer, aunque sospecho que ninguna edad es la apropiada, siempre nos parece demasiado pronto, siempre queremos aplazar el momento por muy tarde que nos llegue.


Dicen que cuando morimos vemos pasar toda nuestra vida proyectada ante nuestros ojos. No puedo confirmarlo, pero creo que cuando muere alguien querido, al menos a mí me ocurre, desfilan ante nuestros ojos escenas del tiempo compartido con esa persona que acaba de marcharse y que ya hemos empezado a echar de menos.

Conservo muchos recuerdos junto a mi tío Chema pero por alguna razón las imágenes que han acudido a mi mente son imágenes de infancia y de fútbol. En la temporada 1991/92, mi tío fue el entrenador del peor equipo de la historia. Estoy seguro de que hubo otros clubes con registros más deprimentes, solo que me resisto a que nos arrebaten ese honor. El C.D. Karrantza de aquel año fue —fuimos— el mejor peor equipo de la historia. No hay mucho más que hablar.


Si escribo en primera persona es porque me consideraba el seguidor más apasionado de los rojillos. Yo tenía nueve años y un carné de socio y por supuesto acompañé a mi tío Chema y al resto de la plantilla por los campos más embarrados de la segunda división regional de Bizkaia, cosechando derrota tras derrota con una alegría que no he vuelvo a ver sobre la capa de la tierra. Éramos un desastre maravilloso.

En una ocasión, viajamos para batirnos contra el C.D. Lezama. Al llegar a los vestuarios nos dimos cuenta de que habíamos olvidado la equipación y le explicamos al árbitro que sin ropa sería difícil disputar el encuentro. Como eran las instalaciones donde entrenaba el Athletic de Bilbao, a alguien se le ocurrió revolver los armarios del equipo de Iñaki Sáez y aquel día nuestros jugadores vistieron de rojiblanco. La magia duró 45 minutos. El árbitro suspendió el encuentro porque algunos de nuestros futbolistas ni siquiera contaban con la documentación reglamentaria.


En un mundo que siempre nos exige meter el codo, competir a cara de perro y vencer a toda costa, mi tío Chema me enseñó el orgullo y el honor de la derrota. La derrota tiene una dignidad que la ruidosa victoria no merece, dice Jorge Luis Borges. Yo solo sé que ganar es placentero y sobre todo confortable, basta con recoger los halagos del respetable y paladear con los ojos entornados la miel de los elegidos. Sin embargo, en el fútbol y en la vida solo merecen mi reverencia aquellos que son capaces de administrar con nobleza sus derrotas.

Hasta siempre, Chema. Los que han perdido todo tienen todo por ganar.

 

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Jonathan Martínez
Jonathan Martínez (Bilbao, 1982) és investigador en Comunicació Audiovisual. Col·labora en diversos mitjans com Naiz, Ctxt, Kamchatka, Catalunya Ràdio, ETB i TV3. A Twitter: @jonathanmartinz
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