OPINIÓ

V de Valtònyc

«Hay activistas, humoristas y tuiteros que continúan pasando por los tribunales porque abrir la boca en España es un deporte de riesgo»

per Jonathan Martínez, 29 d'octubre de 2021 a les 12:29 |
Hay victorias que saben a poco pero que dejan un regusto de satisfacción en el paladar, la feliz sensación de que te concedan la razón cuando llevan demasiado tiempo denegándotela. Resulta que los tribunales españoles se han tirado más de tres años tratando de echarle el guante al rapero Valtònyc y también más de tres años cosechando sonoros ridículos judiciales. La Audiencia Nacional le reclamaba tres años y medio de trena por delitos de opinión y el condenado, que ama la libertad de expresión pero también la libertad de tránsito, se largó a Bruselas.

Hay victorias que se quedan cortas pero son victorias de todas formas. En marzo de 2020, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea dijo lo que ya sabíamos, que la euroorden española era tramposa porque se acogía a una legislación que no estaba vigente cuando ocurrieron los hechos que se imputan. Esta noticia no solo denunciaba las artimañas de los togados, sino que además desnudaba la brutalidad del nuevo Código Penal que implantó el marianismo con la excusa del pacto antiyihadista y que convierte en potencial terrorista a cualquier infeliz que tenga voz en las redes sociales. Y Valtònyc, qué le vamos a hacer, tiene también un micrófono.


Hay victorias que llegan tarde pero llegan. El caso es que el Tribunal Constitucional de Bélgica se ha puesto a examinar el caso del rapero mallorquín y se ha dado cuenta —pardiez, en 2021— que cantarle las cuarenta a un reyezuelo corrupto tal vez le costara la cabeza a un vasallo medieval, pero que en pleno siglo XXI es un derecho tan legítimo como lavarse los dientes. Así que Valtònyc no solo ha hecho que se mueva el terreno bajo los celosos constitucionalistas españoles sino que además ha trastocado el propio ordenamiento jurídico belga. Los delitos verbales contra la Corona, perseguidos en Bélgica bajo una ley dictada en 1847, dejarán de ser delito.

Hay victorias que se pueden cantar pero Valtònyc aún no puede cantar victoria. El debate sobre la extradición sigue encima de la mesa. Pablo Hasél sigue en prisión. Los raperos de La Insurgencia siguen llevando sobre sus espaldas el sambenito de la condena. Hay activistas, humoristas y tuiteros que continúan pasando por los tribunales porque abrir la boca en España es un deporte de riesgo. La justicia, que debería afanarse en corregir desigualdades —quiero creer que la balanza no es un vulgar ornamento—, actúa más bien como un dispositivo de control al servicio de la clase dominante. Al servicio de las estructuras de poder, que al menos en el caso español son una monarquía obsoleta y una selecta oligarquía de empresarios, banqueros y tentáculos mediáticos.


En la España de las operaciones araña y de los titiriteros encarcelados esto no es un artículo sino una prueba en mi contra. Mientras tanto, desde la superficie de un pozo de petróleo emiratí, un rey fugado se ríe de nuestras cuitas. A él le protegen la Constitución y la desvergüenza.

 

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Jonathan Martínez
Jonathan Martínez (Bilbao, 1982) és investigador en Comunicació Audiovisual. Col·labora en diversos mitjans com Naiz, Ctxt, Kamchatka, Catalunya Ràdio, ETB i TV3. A Twitter: @jonathanmartinz
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