OPINIÓN

Ruido blanco

«Los mismos que cada 8 de marzo consagran sus mejores titulares a los derechos de las mujeres han apagado las cámaras durante las declaraciones de Agirre y Zuriarrain»

per Jonathan Martínez, 15 de juliol de 2021 a les 20:13 |
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En 1971, en uno de los episodios más turbios del conflicto norirlandés, el Gobierno británico apresó a 342 personas durante la Operación Demetrius. Catorce inocentes fueron trasladados a un centro de interrogatorios. Los arrojaron encapuchados desde helicópteros en vuelo rasante. Los privaron de agua y alimentos. Les negaron el sueño. Los expusieron a ruido blanco.

Volvieron a sacarme de la celda. Me habían dicho que me llevarían al "cuarto acolchado". Yo no veía nada con el antifaz. No sé cuántos guardias civiles había. Uno de ellos empezó a gritarme al oído.

El ruido blanco tiene la capacidad de encubrir otros sonidos. Por un puñado de euros es posible adquirir un dispositivo que enmascara la contaminación acústica mediante el flujo constante de ruido blanco. Su potencial aislante facilita la tortura psicológica.

Me dijeron "desnúdate". Intenté resistirme pero me quitaron la ropa a la fuerza entre varios guardias civiles. Me dejaron en bragas y en camiseta y me envolvieron los brazos en gomaespuma. "Arrancadle la camiseta". Empezaron a tocarme. Los pechos. Todo el cuerpo. Un guardia civil pegó sus genitales contra mí entre comentarios sexuales.

El silencio tiene una textura clínica que puede resultar molesta. Hay silencios incómodos. Dos vecinos enemistados comparten el espacio estrecho de un ascensor y durante el trayecto solo escuchan el zumbido de las poleas y aprietan los dientes deseando que el viaje acabe lo antes posible.

Me precintaron todo el cuerpo con bandas de gomaespuma. Me envolvieron la cabeza con una bolsa de plástico. No podía respirar. Yo intentaba romper la bolsa con los dientes. "Las bolsas de Eroski son una mierda", dijo uno de ellos. "Menos mal que tenemos muchas bolsas". Yo sentía que me moría.

Esta semana hemos escuchado los testimonios de Saioa Agirre y Naia Zuriarrain en la Audiencia Nacional. Las acusaciones del sumario 13/13 se sustentan sobre declaraciones forzosas extraídas en el territorio opaco de la detención incomunicada.

Estuve desnuda en casi todos los interrogatorios. Me obligaban a hacer flexiones y sentadillas. Me pellizcaban los pezones. Me tocaron la vagina dos veces. Me metían el humo del cigarrillo dentro de la bolsa y yo no podía respirar. Me tiraban contra la pared. Me arrojaban al suelo y se tumbaban encima de mí.

Los mismos que cada 8 de marzo consagran sus mejores titulares a los derechos de las mujeres han apagado las cámaras durante las declaraciones de Agirre y Zuriarrain. Pero el silencio de los ascensores es incómodo. Hace falta ruido blanco. Atribuir a Riazor Blues o al Fortnite el asesinato de Samuel Luiz. Fotografías de chuletones. Imágenes de una protesta en Alejandría presentada como si correspondiera al Malecón de La Habana.

"¿Vas a hablar?", me preguntaban. Entonces yo acepté responder a sus preguntas. Me levantaron, me pusieron contra una pared y me hicieron memorizar las respuestas que ellos querían registrar en la declaración policial. Yo oía gritos de otro hombre en la celda de al lado.

 

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Jonathan Martínez
Jonathan Martínez (Bilbao, 1982) és investigador en Comunicació Audiovisual. Col·labora en diversos mitjans com Naiz, Ctxt, Kamchatka, Catalunya Ràdio, ETB i TV3. A Twitter: @jonathanmartinz
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