OPINIÓ

La digestión del Catoblepas

«Los partidos de orden, igual que el Catoblepas, se alimentan de sí mismos. Lo que ha sucedido en la Asamblea de Madrid puede terminar cuajando en la Moncloa»

per Jonathan Martínez, 6 de maig de 2021 a les 20:00 |
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Hay una criatura mitológica, huésped de todos los bestiarios, que se llama Catoblepas. Plinio el Viejo lo describe como un animal semejante a la oveja silvestre y le atribuye un aliento pestilente y una mirada homicida. Para Gustave Flaubert se trata de un búfalo con cabeza de cerdo. Su voracidad es tan legendaria que en cierta ocasión engulló sus propias patas.

La idea de la bestia que se alimenta de sí misma nos arrastra hacia otro capítulo de la zoología fabulosa. El Ouroboros, emblema de alquimistas, representa a un reptil con trazas de serpiente que devora su propia cola formando una circunferencia. La idea del eterno retorno es un orden cerrado, un bucle interminable del que no es posible escapar.

Las sociedades, dice Karl Marx, no escriben su historia en el aire ni imponen sus propias circunstancias sino que navegan en el incómodo océano de las circunstancias que ya existen porque nos han sido legadas. Dicho de otro modo, "la tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos".

Vuelvo la vista a 1977, a las primeras elecciones generales tras la muerte del Caudillo, y la UCD de Suárez se impone en el mapa del Congreso con una fuerza arrolladora. Si sumamos la Alianza Popular de Fraga, los partidos dirigidos por franquistas reciclados acaparan la mayoría del hemiciclo.

La historiografía oficial ha interpretado este dato como un aval al proceso de la Transición. Pero hay otra hipótesis más clamorosa. Es fácil deducir que un sector mayoritario de la sociedad española se encontraba tan cómoda bajo las estructuras del franquismo como bajo el manto de los nuevos partidos democráticos.

El franquismo, como el Catoblepas, se alimentó de sí mismo para parir el nuevo orden parlamentario. Y esta dinámica persiste por debajo de las estadísticas electorales. Porque los cambios parlamentarios pueden resultar abruptos pero la materia prima se conserva más o menos intacta.

Puede parecer estratosférica la victoria de Isabel Díaz Ayuso en Madrid. ¿Pero su crecimiento no obedece, entre otras cosas, a la evaporación de Ciudadanos? ¿No se ha alimentado, a su vez, de antiguos votantes del PSOE?

Los electores, como la energía, ni se crean ni se destruyen. Y los partidos de orden, igual que el Catoblepas, se alimentan de sí mismos. Lo que ha sucedido en la Asamblea de Madrid puede terminar cuajando en la Moncloa.

En tiempo de incertidumbre, el suelo se mueve debajo de un Gobierno español que no ofrece garantías materiales, que no deroga la reforma laboral, que pretende extender los peajes o que ha sido incapaz de defender la liberación de las patentes de las vacunas hasta que lo ha propuesto Estados Unidos.

El Catoblepas está hambriento. Y el Ouroboros nos recuerda que el turnismo bipartidista es una rueda infinita. Como parece ser nuestra paciencia. La lucha, dicen los zapatistas, es como un círculo. Se puede empezar en cualquier punto pero nunca se termina.

 

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Jonathan Martínez
Jonathan Martínez (Bilbao, 1982) és investigador en Comunicació Audiovisual. Col·labora en diversos mitjans com Naiz, Ctxt, Kamchatka, Catalunya Ràdio, ETB i TV3. A Twitter: @jonathanmartinz
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