OPINIÓN

Yo corrí delante de Marlaska

«En las cargas contra periodistas y vecinos en Vallecas la Policía se comportó, igual que otras veces, como la seguridad privada de los ultras»

per Jonathan Martínez , 8 d'abril de 2021 a les 20:00 |
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Allá por los ochenta, cuando se instauró la moda del progresismo cultural, muchos demócratas de nuevo cuño se esforzaron en labrarse un pedigrí antifranquista que nunca jamás habían tenido. "Yo corrí delante de los grises", dice el estribillo atribuido a los revolucionarios de postín. Por lo visto, todo el mundo había escapado de la Policía Armada en alguna manifestación tumultuosa de la que no queda registro. España debió de ser cuna de prodigiosos velocistas.

Cuando murió Francisco Patascortas, los grises ya se habían ganado una turbia reputación de carniceros. Pero la Transición brindó una ocasión sin igual para abrillantar la imagen del cuerpo. Tal vez hubiera sido buena idea depurar los mandos afectos al viejo régimen y apartar a los torturadores. Sin embargo, Martín Villa alumbró una idea aún más asombrosa: modificó el color de los uniformes. La Policía Armada pasó a llamarse Policía Nacional y los grises pasaron a vestir de marrón.

El golpe de efecto no resultó tan eficaz como podría esperarse y los que corrieron delante de los grises continuaron corriendo delante de los marrones, ahora conocidos como "maderos". Así nació esa tonadilla popular que se coreaba en las protestas. "De gris o de marrón, un cabrón es un cabrón". Lo cierto es que la madera atizaba con la misma saña que los grises, pero por algún motivo se había difuminado la épica. España dejó de entregar al mundo su cuota de vertiginosos velocistas.

Pasaron los años y el uniforme marrón viró hacia el azul marino. Algún activista ocurrente los llama de vez en cuando "pitufos", pero el chiste ha perdido su gracia. Las unidades de antidisturbios tienen incluso su purpurina televisiva. En la serie de Movistar, Rodrigo Sorogoyen los pinta desquiciados aunque humanos y atrapados en una telaraña de corrupción institucional que difumina las responsabilidades. Y así surge la pregunta. ¿Quién es aquí el que manda?

Recuerdo las cargas durante el referéndum del 1-O. En aquellos días de efervescencia patriótica, la Operación Copérnico hizo converger varias voluntades. Por una parte, la desmesura del gobierno de Rajoy, que navegó entre la chusquería y el analfabetismo diplomático. Por otra parte, los cuarteles se tiñeron de un jolgorio futbolero. Al final, los vídeos revelaron el sadismo de varios agentes dispuestos a ir más allá de las órdenes. Que nos dejen actuar.

Hoy veo los vídeos del mitin que celebró ayer la extrema derecha en Vallecas. Veo las cargas contra periodistas y vecinos. La Policía se comportó, igual que otras veces, como la seguridad privada de los ultras. Ahora las miradas se dirigen hacia Marlaska y surgen dos hipótesis. La primera, que el Gobierno más progresista de la Vía Láctea azuza a los agentes contra las clases populares. La segunda, que los policías actúan movidos por sus propias simpatías políticas y que el ministro de Interior es incapaz de controlar a su rebaño.

Son dos hipótesis aterradoras. Y lo peor de todo es que ni siquiera son contradictorias.

 

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Jonathan Martínez
Jonathan Martínez (Bilbao, 1982) és investigador en Comunicació Audiovisual. Col·labora en diversos mitjans com Naiz, Ctxt, Kamchatka, Catalunya Ràdio, ETB i TV3. A Twitter: @jonathanmartinz
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