OPINIÓN

Turistas

«La pandemia ha terminado de desnudar el trampantojo. El Madrid de Díaz Ayuso como alcoholímetro de los domingueros franceses. España, la barra libre de Alemania»

per Jonathan Martínez , 25 de març de 2021 a les 20:00 |
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Leo en un viejo libro sobre la Transición que el primer gobierno de Felipe González se impuso el reto de encabezar una reconversión industrial que situara a España en el mapa europeo. En 1983, Carlos Solchaga estimaba que la operación tendría un coste de un billón de pesetas. Un pastizal inasumible, para ser exactos. Las empresas estatales dibujaban números rojos y el desempleo se duplicaba mientras el ejecutivo socialista prometía 800.000 puestos de trabajo que nadie jamás vio.

El 12 de junio de 1985, el propio González firmaba en Madrid la adhesión española a la Comunidad Económica Europea. Ahora la llaman Unión Europea, pero el mar de fondo sigue siendo el mismo. En aquel entonces, el reto era homologar las políticas liberales como único modelo posible frente a un bloque soviético en vísperas de su agonía.

La reconversión industrial dejó ancho margen a la épica. En Sagunt, los trabajadores de Altos Hornos del Mediterráneo defendieron la siderurgia con huelgas y movilizaciones. En Bizkaia, el cierre de los astilleros Euskalduna sembró un paisaje de barricadas, tirachinas y tanquetas policiales. En Reinosa, las balas de la Guardia Civil silbaron entre pelotas de goma y humo lacrimógeno.

En 1996, el nuevo gobierno de José María Aznar recogió un panorama devastado y se propuso levantar los ánimos en una orgía de privatizaciones y ladrillazos de playa. España volvía a asomar la cabeza en la élite europea como ese pariente pobre con ínfulas de nuevo rico que se hurga entre los dientes con un palillo mientras apoya los pies sobre la mesa Luis XV del palacio.
 
En apenas cuarenta años, el peso de la industria se ha desplomado mientras siguen prosperando los trabajos precarizados del sector servicios. Las dinámicas del mundo industrial, que permiten una mayor organización obrera, palidecen frente a los contratos temporales y los curros vacacionales del turisteo, donde la acción sindical es más dificultosa.

La pandemia ha terminado de desnudar el trampantojo. El Madrid de Díaz Ayuso como alcoholímetro de los domingueros franceses. España, la barra libre de Alemania. El turismo y sus trabajos mal remunerados como única salvación de una economía que hace aguas porque ha sido construida a medida de la misma Europa que en 2013 desmantelaba los servicios públicos de los países del sur en nombre de la austeridad.

No es ningún secreto que nos toca una crisis de dimensiones bíblicas. Y es verdad que las condiciones sanitarias asumen la mayor parte de la culpa. Pero también es cierto que no todos los países afrontan la encrucijada en las mismas condiciones. Por un lado, veo la huelga de los trabajadores de Tubacex en Amurrio. Por otro lado, veo el turismo etílico de los bares madrileños. La fotografía de conjunto es más elocuente que cualquier tratado de economía.

Salvar la Navidad. Salvar la Semana Santa. Salvar a los turistas y salvar a Toni Cantó, el político que lleva varios años de turismo entre partidos. Pero esa, me temo, es otra historia.

 

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Jonathan Martínez
Jonathan Martínez (Bilbao, 1982) és investigador en Comunicació Audiovisual. Col·labora en diversos mitjans com Naiz, Ctxt, Kamchatka, Catalunya Ràdio, ETB i TV3. A Twitter: @jonathanmartinz
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