​La trampa de la viralidad

«En tiempos de incertidumbre, hacen su agosto los vendedores de humo. Más nos vale estar alerta. Verdad y viralidad no suelen ir de la mano»

per Jonathan Martínez , 26 de març de 2020 a les 21:57 |
Hace muchos años, en una aldea remota llamada Macondo, José Arcadio Buendía pagó treinta reales para conocer el hielo. El mundo era tan reciente que las cosas aún no tenían nombre y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo. Al menos eso dice García Márquez. Los personajes de Cien años de soledad, fascinados ante el espectáculo de lo desconocido, no encuentran palabras para nombrar sus vidas. A veces se nos queda corto el diccionario y esculpimos expresiones nuevas que hacen fortuna y permanecen. Otras veces reciclamos viejas palabras y extendemos su dominio para bautizar todo lo que todavía no ha sido bautizado.

A finales del siglo XX, las nuevas tecnologías se abrieron paso en nuestras vidas hasta colonizarlas por completo. El ordenador. El móvil. Alexa, ponme una canción. Siri, qué tiempo hace. Las cosas eran tan recientes que aún no tenían nombre, así que fue necesario buscar metáforas. Internet sería una red. Los usuarios serían navegantes acechados por piratas. Windows sería un montón de ventanas y carpetas y los archivos inservibles que ocupan nuestra memoria terminarían en la papelera del escritorio gracias a un trozo de plástico llamado ratón. Hay una bandeja en tu correo y tus contactos de Facebook se llaman amigos aunque no hayáis cruzado jamás ni media palabra.


Entre todas las metáforas del universo informático, hay una que explica el caos informativo de nuestros días. Gracias a las redes sociales, las noticias corren a la velocidad de la pólvora y se expanden sin control por todo el mundo. Alguien supo acertar con la metáfora. La viralidad. En algún momento no tan lejano de nuestra historia, todo lo que compartimos en internet pasó a ser comparado con un patógeno infeccioso y dañino. Un vídeo viral. Un meme viral. El contagio como explicación de la popularidad de los contenidos. Pero sucede que los virus no discriminan. No distinguen las informaciones veraces de las falseadas. Lo verdadero de lo improbable. La realidad de la ficción.

Llevamos casi dos semanas encerrados en casa y nos invade una extraña sensación de indefensión. Buscamos verdades a las que aferrarnos pero las informaciones son confusas y contradictorias. Cada gobierno defiende su propia verdad. Cada grupo mediático defiende su propia versión de los hechos. Los bulos campan a sus anchas en Twitter o en nuestros grupos de WhatsApp. Que si Carmen Calvo inyectó el Covid-19 en la manifestación del 8M. Que si van a aprovechar la cuarentena para indultar a los presos políticos catalanes. Que si el virus fue creado en un laboratorio secreto de Taiwán con el propósito secreto de controlar a la humanidad y diezmar a la población china.


En tiempos de incertidumbre, hacen su agosto los vendedores de humo. Más nos vale estar alerta. Verdad y viralidad no suelen ir de la mano. Quedarte en tu casa puede ponerte a salvo del coronavirus. Pero además, por una simple cuestión de profilaxis, conviene también cerrar las puertas al virus letal de la desinformación.

 

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Jonathan Martínez
Jonathan Martínez (Bilbao, 1982) és investigador en Comunicació Audiovisual. Col·labora en diversos mitjans com Naiz, Ctxt, Kamchatka, Catalunya Ràdio, ETB i TV3. A Twitter: @jonathanmartinz
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