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CULTURA

1917

«La guerra nos parece un silbido lejano, un decorado cinematográfico tan familiar e inofensivo que apenas nos inquieta»

per Jonathan Martínez , 17 de gener de 2020 a les 12:02 |

Llegiu aquí la versió en català de l'article de Jonathan Martínez

Merece la pena pasar por el cine más cercano y echar un vistazo a 1917, la nueva película de Sam Mendes. La premisa es simple. Estamos en la Primera Guerra Mundial y dos soldados británicos llamados Blake y Shofield aceptan la misión de atravesar el territorio devastado de la Alta Francia para entregar un mensaje a un destacamento aliado. Si la empresa fracasa, centenares de combatientes morirán en una emboscada de las tropas alemanas.

Los méritos de 1917 son muchos. La base histórica del relato. El virtuosismo técnico. El aspecto de plano secuencia infinito. La inconmensurable coreografía de extras. La crudeza extraordinaria de los paisajes bélicos. Pero sobre todo, 1917 tiene la virtud de agarrar al espectador por las solapas y obligarlo a desfilar por las trincheras entre disparos, alambradas de espino, cascotes, ruinas, fuego, cadáveres olvidados y ratas hambrientas.



Todas las guerras son diferentes pero todas se parecen demasiado. Durante la guerra de Angola, el reportero polaco Ryszard Kapuściński está sentado en la cabina de un viejo camión Mercedes. No sabe adónde se dirige ni se atreve a preguntar. Nelson, el comisario político que conduce el vehículo, se lo explica de todos modos. Este camino lleva a Sudáfrica. Faltan 450 km. para la frontera. Esta selva de maleza pertenece al enemigo. Y el enemigo está por todas partes.

Blake y Shofield recorren los páramos desolados del norte de Europa igual que Ryszard y Nelson atraviesan los desiertos del sur de África. Les separan sesenta años pero el viaje es el mismo. Un recorrido suicida donde la muerte acecha a cada palmo. No sirve la impaciencia ni la fuerza sino la destreza y la inteligencia. Lo explica Nelson cuando encuentran un camión calcinado en el camino. A mediodía, cuando el sol abrasa, el enemigo sucumbe a la pereza y se adormenta. De noche, con el fresco, el enemigo permanece alerta. Los pardillos del camión quemado cometieron la imprudencia de viajar de noche.


El 3 de enero de 2020, el ejército estadounidenses daba muerte al general iraní Qasem Soleimani en un ataque que Trump justificó en nombre de la paz y la seguridad nacional. El progreso de las hostilidades se convirtió en material de espectáculo. Con alguna incertidumbre, seguimos el cruce de reproches en la televisión, en la radio, en las redes sociales. La guerra nos parece un silbido lejano, un decorado cinematográfico tan familiar e inofensivo que apenas nos inquieta. Iraq suena remoto. Afganistán exótico. Siria distante. Libia olvidado.

Pero la guerra es una catástrofe que salpica. Un vendaval que arranca vidas y mutila. En Un día más con vida, Ryszard Kapuściński recoge las palabras de un mercenario británico que combatió en Angola. Tienes que matar antes de que te maten. Yo maté al primero cuando tenía diecisiete años. Luego tuve pesadillas. Me despertaba gritando en mitad de la noche. Ahora ni siquiera recuerdo qué cara tenía aquel tipo.

 

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Jonathan Martínez
Jonathan Martínez (Bilbao, 1982) és investigador en Comunicació Audiovisual. Col·labora en diversos mitjans com Naiz, Ctxt, Kamchatka, Catalunya Ràdio, ETB i TV3. A Twitter: @jonathanmartinz
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