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Opinió

​Leonor, la princesa de Troya

«En momentos de crisis institucional, aparece siempre un nuevo Borbón, urgente y recién coronado, a obsequiar a las élites con unas palabras vernáculas que amansen las aguas»

per Jonathan Martínez , 7 de novembre de 2019 a les 21:45 |
Fue el pasado lunes. La primogénita del rey Felipe VI, elevada a los altares con el título de Princesa de Girona, ofreció su primer discurso en Catalunya. Entre el público, mucho traje de gala, mucha corbata y mucha purpurina. El presentador saluda a la familia real y da paso a la "jovencísima" heredera. Ovación cerrada. Es entonces cuando se cumplen los pronósticos y Leonor de Borbón se arranca a hablar en lengua catalana. “Llevo Catalunya en mi corazón”.

La prensa oficial, de costumbre hostil con la inmersión lingüística, aplaude ahora la proeza de la pequeña aristócrata. Porque Leonor, nos cuentan los plumillas de la corte, estudia con entusiasmo las jergas tribales de sus súbditos. Y qué dominio de la gramática. Qué pronunciación tan ajustada. Qué titánico gesto de empatía hacia una región de aborígenes ingratos que solo saben responder en la calle con algaradas y abucheos y con estampas reales chamuscadas. 


Lo cierto es que ahí afuera, en los alrededores del Palacio de Congresos de Barcelona, la chusma plebeya recibe la visita real con expresiones desagradecidas y grita "Fuera el Borbón" y otras ordinarieces del estilo. Los catalanes profesan un republicanismo tan furibundo que las autoridades se han visto obligadas a blindar las inmediaciones del sarao con una muralla china de vallas metálicas. Dice el Centro de Estudios de Opinión que la monarquía goza de un apoyo del 12,3% en Catalunya. Un baño de masas.

Los cronistas de la Transición cuentan que en febrero de 1976 Catalunya estaba en pie de guerra. Por la libertad. Por la amnistía. Por el estatuto de autonomía. Las calles bullían. La policía posfranquista abría cabezas a plena luz del día. Cuentan también los cronistas que, en pleno fervor manifestante, Juan Carlos I diseñó un plan para sofocar el fuego. Así que el joven sucesor del Caudillo hizo las maletas de su primer viaje oficial y se plantó con su esposa en Barcelona.


Juan Antonio Samaranch, delegado del franquismo en Catalunya, reúne en el Saló del Tinell a una nutrida delegación de potentados para que escuchen y aplaudan la buena nueva del monarca entrante. Y el rey Juan Carlos I, ante el asombro de una concurrencia acostumbrada al apartheid lingüístico, culmina su discurso en lengua catalana. Dice el ABC que los fieles lanzan vivas a los reyes y al Generalísimo y al ejército y a la policía.

La historia se repite con una circularidad tozuda. En momentos de crisis institucional, aparece siempre un nuevo Borbón, urgente y recién coronado, a obsequiar a las élites con unas palabras vernáculas que amansen las aguas. Lo hizo Juan Carlos en 1976 y lo hace Leonor en 2019. Las gacetillas del régimen lo celebraron entonces y lo celebran ahora. 


Todo el mundo conoce la historia del caballo de Troya, el regalo envenenado que permitió a los aqueos introducirse en la inexpugnable ciudad enemiga. Así penetró el rey Juan Carlos y así penetra Leonor, hija de Felipe, nieta de Juan Carlos, princesa de Troya.

 

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Jonathan Martínez
Jonathan Martínez (Bilbao, 1982) és investigador en Comunicació Audiovisual. Col·labora en diversos mitjans com Naiz, Ctxt, Kamchatka, Catalunya Ràdio, ETB i TV3. A Twitter: @jonathanmartinz
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