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OPINIÓN

​Franco «Superstar»

«Lo que debió haber sido un homenaje a las víctimas ha terminado convertido en una farándula infumable de exaltación del franquismo»

per Jonathan Martínez , 24 d'octubre de 2019 a les 22:00 |

La estampa es estremecedora. Se abre la puerta de la Basílica del Valle de los Caídos y los familiares, vestidos de domingo y con lazos rojigualdas en las solapas, sacan a hombros el féretro. Sobre la caja vemos el pendón del Ducado de Franco, título nobiliario que el rey Juan Carlos concedió a la familia “con Grandeza de España” seis días después de la muerte del dictador. Una corona de laurel con cinco rosas completa el bodegón. “Traerán prendidas cinco rosas las flechas de mi haz”, dice el Cara al sol. “Sin simbología preconstitucional”, jura el locutor de TVE en estricto directo.


Los familiares depositan la momia en el maletero del coche fúnebre y abren paso al prior de la abadía, Santiago Cantera, que rocía al muerto con un hisopo de agua bendita. Se santiguan. Rezan. Gritan “Viva España”. “Viva”. Gritan “Viva Franco”. “Viva”. Al fondo, en lo alto de la escalinata, presiden la ceremonia tres misioneros del Ejecutivo español. Está Antonio Hidalgo, subsecretario del Ministerio de la Presidencia. Está Félix Bolaños, secretario general de la Presidencia del Gobierno. Está Dolores Delgado, ministra de Justicia en funciones y Notaria Mayor del Reino a la sazón.

Celebración orgiástica de una dictadura ante los ojos impasibles de las autoridades. Lo que debió haber sido un homenaje a las víctimas ha terminado convertido en una farándula infumable de exaltación del franquismo. En los alrededores, los medios de comunicación devoran la carnaza de la verbena nacionalcatólica y nos deleitan con un espantoso repertorio de excentricidades. Entrevistan a Chen Xiangwei, “el chino franquista”. Antonio Tejero llega a Mingorrubio entre aclamaciones. Su hijo, el párroco Ramón Tejero, oficia una ceremonia religiosa en el panteón familiar.


En el cementerio de El Pardo, el Caudillo ya es vecino de muertos tan insignes como el almirante Luis Carrero Blanco, el presidente franquista Carlos Arias Navarro o el genocida dominicano Rafael Trujillo. Además, Franco reposa junto a su mujer, Carmen Polo, y otros siete ministros del franquismo y la Transición. En esta agotadora maniobra de exhumación e inhumación de huesos, el gobierno de Pedro Sánchez ha transformado un viejo problema en un problema nuevo. En primer lugar, porque los restos del dictador descansan en un espacio de titularidad pública. En segundo lugar, porque nada impide que Mingorrubio pase a ser La Meca renovada de la peregrinación franquista.

Que la exhumación de Franco tenía cierto hedor electoral es algo que siempre hemos sospechado. Pero ni siquiera en nuestros peores presagios imaginábamos que el trámite burocrático fuera a ser engalanado con el ensalzamiento de un régimen asesino. España convalece de un franquismo mal curado. Una vez más, las víctimas salen escarnecidas y el viejo Jefe del Estado sale a hombros de la basílica igual que un torero triunfal. Como una rockstar de esas que nunca mueren, entregada para siempre a la devoción de su público. Franco vive, la lucha sigue.

 

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Jonathan Martínez
Jonathan Martínez (Bilbao, 1982) és investigador en Comunicació Audiovisual. Col·labora en diversos mitjans com Naiz, Ctxt, Kamchatka, Catalunya Ràdio, ETB i TV3. A Twitter: @jonathanmartinz
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