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Dons perfectaAnònim, 20/11/2010 a les 08:47
Això es una cosa perfecta, pro si lo que un declara es real de lo que te, no si val,declara patrimonis, pensant que els votans
som gent ignorants o tontos. Avui dia un pot tenir mol, i no tenir res amb nom propi, una trampa legal oi k si!!!!

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OsacarAnònim, 19/11/2010 a les 22:40
Collons! Si que els hi costa! Alguna cosa deuen amagar. Cosa de "meter Osacar"

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Jo el que seAnònim, 19/11/2010 a les 22:28
Jo tan sols us vull dir, que a USA els politics posan el patrimoni (casas al estranger,diners...) a nom de les parelles o membres de la familia aixi si a ells/es els enganxen fen coses il.legals i els jutgen no ho perdin tot.
Personalment no m'importa si son mes rics o mes pobres, el qu'importa es el legat que fan i deixan al poble.
Bona sort Catalunya.

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Hisenda som totsAnònim, 19/11/2010 a les 21:51
Lo de Lietchenstein també.

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una consultaAnònim, 19/11/2010 a les 21:02
aquesta moda de fer public el patrimoni,es per dir-nos que hem de votar al que en te mes o al que en te menys?
voleu dir que no ens estem perdent en absurditats? no hauriem de preocuparnos que els governants no s'enriquissin anormalment pel fet de governar? jo prefereixo tenir un governant que tingui per menjar, sincerament

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De día no veo y de noche me espulgo Eduardo González Palomar (Manlleu), 19/11/2010 a les 20:15
La Política en Catalunya requiere tal higienización que pongo en duda que un concienzudo barrido, un enjabonado persistente y un abundante baldeo sean suficientes para disipar el tedio, la resignación y la desconfianza que provoca en el grueso de la ciudadanía. No obstante, a la mayoría de representantes políticos no los hallará por ello llorando a moco tendido sino en disputas pueriles e insustanciales cuando no en magníficas y orquestadas maniobras de distracción para mejor entretener a la opinión pública mientras medran al amparo que les ofrece el Poder. Con la pertinaz crisis económica planeando sobre la mayoría de las familias que residen en esta comunidad, desde cierta formación política (por remarcar el último pretexto para traer a colación un tema que, de todos es sabido, es recurrente desde cualquier postulado ideológico) se han permitido deslizar, a los que somos naturales del lugar, que la actual legislación sobre la financiación de partidos obliga a bordear no sé qué líneas legales para mejor sufragar los gastos que la desacreditada actividad trae aparejada (explicado de este modo incluso despiertan cierta conmiseración, ¿verdad?). Sin embargo, obvian irrespetuosamente que el deseo generalizado del contribuyente es restringir significativamente las ingentes partidas presupuestarias destinadas para tal menester (a quien guste presentar alguna duda sobre lo extendido de la pretensión se le aplaca el prurito invitándole a hacer un referéndum –consulta popular tan anhelada para otros menesteres menos demandados-). Por consiguiente, desde el poder gubernativo, o en su defecto desde el que lo ostentó sucumbiendo a semejantes debilidades, no vacilarán un solo instante en desautorizar sistemáticamente, sin sonrojo alguno, al osado que se manifieste en contra de este perverso orden de cosas establecido desde arriba, con dislates semejantes al “estamos hablando de cantidades insignificantes” (¡más insignificante es la revalorización anual de la pensión de mi querida mamá y…!). Tras el primer golpe defensivo, pasa a ser ineludible contraatacar taimadamente, justo en ese preciso instante en el que reina cierta mezcla de desconcierto e indignación en quien se ha convertido ya en declarado adversario, y lo hacen tratando de seducir al “pesado”. Tienen por costumbre esbozar una almibarada sonrisa al tiempo que espetan un “convénzase, buen hombre, esto que para usted es un gran handicap para el óptimo gobierno de nuestro maltrecho erario público, en realidad, no pasa de ser el chocolate del loro”. Pero si llegado a tan indeseado extremo, el “inoportuno” ciudadano de turno es, además de tozudo, tan corto de entendederas que no capta que nada tiene que hacer ante quienes atienden las apremiantes necesidades del pueblo llano como los que oyen llover, pues, ¡ay madre!, además de retirarles el vocativo de “buen hombre” en menos que canta un gallo, son muy capaces de jurar y perjurar, por lo más sagrado, que susodicho individuo es, ni más ni menos, que el hijo de la mismísima Demagogia.

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Ópera bufa Eduardo González Palomar (Manlleu), 19/11/2010 a les 20:14
Desde las instituciones públicas en Catalunya quienes mueven los hilos, vaya, los peces gordos, llevan largo tiempo -30 años- tratando de extender el monótono escenario de su farsa al ancho panorama exterior; esto es, Catalunya en su conjunto e incluso, en la apoteosis de la representación - por qué no-, lo que en el argot de esta peculiar compañía se ha dado en llamar, “Els Països Catalans”. Para tan indescriptible tarea, no han dudado en incrementar progresivamente la “troupe” de funcionarios y altos cargos de confianza con toda índole de operarios hasta límites insostenibles. Algunos, cual avanzadillas de inconfesables ensoñaciones propias de toda obra nacionalista, como representantes lanzados por esos mundos de dios para sentar plaza en futuras y exitosas giras allende las estreñidas fronteras que la Historia se encaprichó en determinarles. Para tan arriesgada puesta en escena, quién mejor que alzapuertas salido de la propia familia de los primeros actores del reparto. Para garantizar que la empresa perdurase en cartelera, apenas tuvieron que vencer escrúpulos al dotarse de una prensa fiel y agradecida muy dada al buen vivir al amparo de abundantes anuncios institucionales a toda plana bien remunerados, cuando no de suculentas subvenciones públicas “periódicas” que por supuesto –no me sean, por favor, mal pensados- nada tienen que ver (en tan noble profesión es notorio que existe una extendida inclinación a trabajar por amor al Arte) con la publicación de artículos de fondo, editoriales, columnas, reseñas y otras bagatelas por el estilo. Añadido a lo anterior, para mayor y mejor penetración en lo grueso del patio de butacas de los cuatro cuadrantes provinciales, cierto día, un anónimo seguidor de la causa tuvo la cardinal idea de introducir estratégicamente entre el público asistente al graderío y en el patio de butacas lo que se conoce por “sociedad civil” y un sin fin de plataformas privadas archisubvencionadas para mejor contagiar a patalear, aplaudir o silbar según el lance requiera, vaya, lo que cualquier desalmado, como quien esto escribe, calificaría como los más eficientes apuntadores convertidos en correa de trasmisión de la voluntad política de los mayores empresarios de la Magnánima Institución Pública. Como enlace final, lo que hace que todo quede aparentemente “anudado (no sea que alguien se ofenda si escribo atado) y bien anudado” tuvo su preludio en esta ópera bufa el mismo día del ensayo general antes del gran estreno ante el respetable pueblo llano donde la sacrosanta Dirección del sector acordó una suerte de parodia a modo de Ley Electoral donde todos los votos no tenían la facultad de sumar lo mismo; es decir, la función más representada podía ser la menos galardonada, todo dependía del cuadrante donde se ubicasen el componente del Gran Jurado. De tal manera que, un solo voto (el del coro) podría neutralizar a cuatro (el de figurinistas, maquilladores, porteros y encargadas de guardarropas) de la provincia con menos partidarios de la obra nacionalista oficial. Sin embargo, tanta “perfección” difícil será que dure cien años en este orbe tan inclinado a reverenciar a la musa “Moda” y más pronto que tarde… bueno ya saben ustedes… ¡córcholis! (es lo más fuerte que jamás escuché decir a la beata prima –Pilar- de mi difunto papá), no será un servidor quien lo deje caer, pero las “malas lenguas” de un tiempo a esta parte aseguran que cierto guión hiperrealista, interpretado por una compañía de amateurs que se da en llamar Ciutadans (pisó el escenario del teatro Tivolium hace unos años y que recientemente se ha representado en el Romeum con gran júbilo) el 28 de noviembre en la Gran Gala aspira a colgarse algún laurel. Ah, por cierto, si les preguntan, a mí ni me conocen, que tengo entendido que los que cortan el bacalao en las altas instancias gastan malas pulgas y yo lo último que busco son problemas.